Hoy reflexionaba tras un fin de semana lleno de malentendidos...nada grave pero ya saben que me gusta darle a las neuronas.
El caso es que me di cuenta de que irse de Erasmus o similar a otro país acaba convirtiendose en una situación bastante paradógica. Estás rodeado de gente pero a la vez solo. Y es que si alguien interesado en irse de Erasmus me preguntara mi opinión le diría: véte, es lo mejor que te va a pasar en la vida. Ahora véte sin dudas, con un dolorcillo en el estómago y alguna lágrima de despedida, pero sin dudas. Porque hay que ser fuerte para irse fuera, o pegarse la leche y hacerse fuerte en el camino. El Erasmus no está hecho para todo el mundo, y no hay ningún problema en aceptarlo. De eso me he dado cuenta tras ocho meses aquí y conocer muchas y variadas experiencias Erasmus.
En cuanto a mi, me vine muy decidida porque siempre había querido vivir fuera (NY o Londres también me esperan) pero creo que la experiencia me está moldeando aún más de lo que me esperaba. Y mira que a mi me gusta la independecia e incluso la soledad a veces, pero es que esto es otra cosa. Es una experiencia que saca lo mejor y lo peor de ti. Todo está multiplicado por mil, te sientes muy vivo y lleno de experiencias, pero cuando te sientes solo, te sientes de verdad mal.
No me malinterpreteis. Estoy estupendamente y a nivel personal mejor que nunca. Pero una siempre tiene algún bajón. Este finde ha tocado. Lo bueno es que siempre que me meto en el pozo salgo. Y desde que estoy aquí lo puedo hacer sola y más rápido. Y es que ya saben lo que dicen: "No es más fuerte el que no se cae, sino el que más rápido se levanta".
PD: y es que no todos los posts iban a ser miel y hojuelas...tenía que haber alguno melancólico también. Sobre todo porque es la verdad y porque no todo el mundo cuenta la otra cara de la moneda Erasmus. Esta es la mía y para mí merece le pena, pero quizá para otros no.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

You'll never walk alone! :)
ResponderEliminar