Una anécdota muy breve para ir calentando motores. El otro día salía de mi facultad tras ver los horarios de los exámenes orales (que por cierto lo tengo el día 7 así que mi excursión cumpleañera queda anulada) cuando me ocurrió algo extraño. Iba por el último pasillo antes de llegar a la salida principal y miré a la derecha hacia una pared llena de cuadros. En uno había dos torsos masculinos desnudos con sendos pitos en apogeo. Las caras no se veían pero sí los brazos y las manos, cada uno masturbando al otro. Me quedé pensando que si semejante obra de arte (no dudo de su potencial) estuviera colgada de una facultad española. Un, dos, tres, responda otra vez:
a) Estaría llena de pintadas guarronas.
b) Estaría destrozada.
c) Hace tiempo que la habrían robado por hacer la gracia.
Ahora si estás en Dinamarca sería la respuesta d)Ninguna de las anteriores es correcta. La gente pasa como 500 veces por ese pasillo y nadie se inmuta. Yo no soy muy modosa pero he de reconocer que me impresionó, el cuadro y la actitud tolerante de la gente.
Debe ser por eso, que al salir hacia el metro ensimismada en mis pensamientos me atacó un pato. Sí, amigos, un pato que apareció de la nada agitando las alas y con el pico entreabierto graznando y buscando guerra. Yo como una tonta me agaché y escondí detrás de una bici.Y sí, la gente me miraba raro. Pero más raro es este pato asesino que se me tiró a la cabeza... porque en los alrededores de mi facultad no hay canal ni río cercano...¿De dónde salió este depredador? Quién sabe, es una incógnita inquietante parecida a la de los pitos...
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