El otro día entré al baño. Hasta aquí todo normal.Iba pensando en mis cosas así que me senté en la taza y me puse a mirar el ambiente. Seguimos con la normalidad. De repente mi mirada se posó en la repisa del espejo. Al lado de los tratamientos para granos adolescentes de mi compañero Anders (alias Bananas)y entré los champús efecto gloss de su novia había un nuevo artilugio para la higiene. Fui a lavarme las manos para observarlo mejor y...como diría Janis de Friends: ¡Oh-Dios-mío! ¡Me engañan mis ojos miopes! Era una lendrera. Una LENDRERA. Mi cara se desencajó, mis conexiones neuronales comenzaron a funcionar y... por eso olía el baño a vinagre, ¡Por eso tuve pipis en octubre!¡Te pille! Yo pensando que la verdad estaba ahi fuera y tenía al enemigo en casa, mecagüento. Y claro, teniendo su toalla al lado de la mía ya me dirán cómo es posible la higienicidad antipipis. Me entró una rabia enorme, hasta pensé en quemarle el pelo ese de pony que tiene...Porque vale que tengas piojos, como si tienes ladillas, pero sabiendo que se contagia muy fácilmente y que compartimos el mismo fucking cuarto de baño me podías haber avisado so...so...¡so danesa!
Me ha enfurecido y me ha decepcionado enormemente porque vale que sean antisociales pero es que en el siglo XXI yo creo que ya somos adultos para aunque sea dejarme un post-it en el baño advirtiéndomelo.
En fins, por ahora parece que no los he vuelto a coger aunque sólo de pensarlo me entran picores. Espero no quedarme calva de aquí a la graduación. Ya veremos el 25 si aparezco con peluca estilo Carrá.
Pues eso, señores, no se fíen ni da Caperucita.
domingo, 6 de junio de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
